EL PIANO ROMÁNTICO DE BITHELL

19 07 2010

FESTIVAL DE VERANO

PETER BITHELL

Música del Romanticismo para piano: F. Schubert y J. Brahms

Programa: Impromptus: 1 y 2, op. 142 D. 935 para piano, de F. Schubert y Sonata nº 3 en fa menor op. 5 para piano, de J. Brahms.

Sala María Cristina, miércoles 14 de julio de 2010

 El gran Steinway de la Sala María Cristina fue el anfitrión, el pasado miércoles, de Peter Bithell uno de los solistas para piano más reconocido no sólo en Gran Bretaña sino fuera de sus fronteras, especialmente en nuestro país dada la cantidad de conciertos con los que se ha prodigado a lo largo de la geografía española. Por segundo año consecutivo y al calor de los Cursos Superiores de Música un selecto grupo de jóvenes alumnos recibirán clases magistrales de prestigiosos intérpretes y profesores nacionales e internacionales gracias al apoyo decidido de la Fundación Unicaja, que paralelamente ha organizado un nuevo ciclo de conciertos.

Sencillez, gusto y domino del instrumento son quizás las notas definitorias de este ambicioso recital que inauguró el ciclo de cámara. Bithell abordó un programa denso, arriesgado por su extensión y complejidad, aunque finalmente muy aplaudido por el público asistente. El programa, desarrollado sin solución de continuidad, tuvo como eje central el piano romántico, centrándose en dos autores claves Schubert y Brahms.

Si en el primero de los impromptus del op 142 sirvió para tomar contacto con el enérgico piano de Bithell, libre de adornos innecesarios, exento de aflicción o languidez y extremadamente directo, como si la conexión con el oyente fuese una nota más dentro de la partitura, lo cual no es peregrino dada la densidad cromática que el compositor vienés desarrolla en estas piezas. Para el segundo de estos impromptus, quizás el más conocido de todos ellos, sobresale la pulcritud de la ejecución del pianista británico donde pone de relieve el estilo libre de la partitura, más intimista que jocosa.

El Romanticismo no es entendible sin el peso de la obra de Brahms y mucho menos el repertorio pianístico sin la perspectiva del hamburgués. Aunque el catálogo de sonatas para piano se reduce a un trío de ellas, su factura las hace monumentales, especialmente la op. 5 como bien dejó constancia Bithell al abordar los cinco movimientos que la componen. En esta tercera sonata apreciamos una clara influencia beethoveniana, que arranca desde el enérgico Allegro maestoso, cuyo ímpetu se relaciona con los compases iniciales de la quinta de Beethoven, de hecho la estructura de toda la sonata se corresponde en sus movimientos, en buena medida y a excepción del intermezzo, con los cuatro que articulan la sinfonía. Bithell fue desgranando uno a uno los entresijos de esta sonata, caracterizando su interpretación por un uso del rubato comedido, subrayando las grandes frases de esta gran sonata. Con el prologo interpretado en la tarde pasada por Peter Bithell arranca un nuevo ciclo camelístico, plagado de citas imprescindibles, para las tardes del verano.

Alejandro Fernández 07|06|2010

Alejandro Fernández 17|07|2010








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