EL DEBUT SOÑADO

22 06 2017

Orquesta Sinfónica RTVE

Concierto IV del XVII Ciclo de Jóvenes Músicos.
Concierto de Galardonados del Concurso Permanente de Jóvenes Intérpretes.
Juventudes Musicales de España.

Solistas: María Florea, violín, Montserrat Egea, violonchelo y Jorge Nava, piano

Dirección: Salvador Vázquez, director

Programa: Ruy Blas (Obertura), de  F. Mendelssohn;  Triple concierto para violín, violonchelo, piano y orquesta en Do mayor, Op. 56, de L. van Beethoven y Cuadros de un exposición, de M. Mussorgski/M. Ravel


Madrid, Teatro  Monumental. 20:00h.

La trayectoria iniciada hace décadas por la Red de asociaciones que aglutina Juventudes Musicales de España es la prueba más de la capacidad que tiene la piel de toro de aportar a la escena nacional e internacional lo mejor de nuestros incipientes intèrpretes. El ejemplo lo encontramos en la capacidad de convocatoria que el concierto de galardonados del Concurso Permanente de Jóvenes intèrpretes, que organiza esta solvente institución, para colmar el auditorio del Monumental el pasado viernes. Mendelssohn, Beethoven y Mussorgsky en los atriles y en el escenario tres primeros premios encarnados por el violín de María Florea, el cello de Montserrat Egea y el piano de Jorge Nava. Juventudes Musicales también quiso apostar por una batuta que está llamada a ingresar en el grupo de los grandes maestros españoles. Nos referimos al malagueño Salvador Vázquez.

Director de la Sinfónica de Málaga y del Coro de Ópera, la sencillez de este músico en el trato y gigantesco en el podio su ascenso es una consecuencia de la constancia y visibilidad que le ha llegado de la mano de su trabajo con la Joven Orquesta de Extremadura y el trampolín del premio de dirección orquestal que organiza la Orquesta de Córdoba. Al acceder al podio de la Orquesta de Radio Televisión Española comenzó la revelación, el momento en el que el cacareado talento malagueño cobraba cuerpo, forma y contenido. Lo que pudimos escuchar en el concierto pasado así lo demuestra, un músico de rigor e ideas propias, capaz de conmover y moldear una formación de la experiencia de la OCRTVE.

El programa de este viernes, en el marco del XVII Ciclo de Jóvenes Músicos se aglutinaban varias ideas bajo el marco  programático de la obertura, concierto y página sinfónica seleccionados; por un lado, las influencias de Beethoven en la escuela alemana del romanticismo encarnado por Mendelssohn y por otro el color nacionalista en la figura de Mussorgsky, miembro destacado del Grupo de los Cinco. Salvador Vázquez situó entre ambos extremos un nexo fundamental, Beethoven y concretamente con su Triple Concierto. Pero ordenemos el programa. Ruy Blas, su obertura, dista mucho de la factura de El Sueño de una Noche de Verano, no obstante, su originalidad descansa en buena parte en la lectura puntual de cada conjunto oscilando entre el tedio y el encanto. Reinaría lo segundo con reflejos de grandeza.

Estrenado en 1807 el Triple concierto para violín, violonchelo, piano y orquesta en Do mayor, Op. 56, de L. van Beethoven, esta curiosa página vuelve la mirada hacia el concerto grosso al disponer de un trío solista de violín, chelo y piano pero también a tratar la forma camerìstica dentro de la orquesta sinfónica. Los tres premiados conectaron sorprendentemente dando unidad a toda la página mientras que la batuta de Salvador Vázquez estuvo muy volcada en plegar la dinámica de la orquesta al corazón de los solistas. Tras un primer tiempo lleno de color sobre la forma sonata, el largo central desplegó una sensibilidad propia de conjunto de cámara de años de labor conjunta, cuando la realidad era bien distinta y puntual. El alegre y danzante rondo alla polacca daría ese toque de brillantez propia del gran concierto pero también del intenso trabajo realizado por todos los intervinientes.

Tras el descanso llegó el momento para el color de la escuela rusa, – ¡y qué color!- Salvador Vázquez se situaría al frente de la OCRTVE sin partitura para interpretar su versión de los Cuadros de una Exposición de Mussorgsky en la orquestación de Ravel del año veintidós. Vázquez demostró seguridad y una idea muy clara de la página centrada en los contrastes propios que guarda, los acentos y la gran solvencia (léase capacidad de respuesta) del conjunto del ente público. Salvador Vázquez ha dejado el anonimato para comenzar un ascenso más que merecido, ojalá que esta oportunidad encuentre nuevos horizontes.

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Alejandro Fernández 19|06|2017





LO QUE ME CUENTA EL AMOR

14 06 2017

Temporada abono OFM 16/17

Abono nº 15. G. Mahler

Orquesta Filarmónica de Málaga

Coro de Ópera de Málaga

Escolanía Santa María de la Victoria

Solista: María José Montiel, mezzosoprano

Director coro: Salvador Vázquez

Director escolanía: Narciso Pérez del Campo

Director: Manuel Hernández Silva

Programa: Sinfonía nº 3 en re menor, de G. Mahler

Teatro Cervantes Jueves 08/06 21:00h.

Mahler  un siglo después de su muerte -como vimos también en Bruckner- sigue despertando la misma vehemencia e indiferencia en el auditorio. Ante este hecho, algo de apuesta por el todo tenía el programa de clausura de la Filarmónica. Hernández Silva suponemos que era consciente de esta circunstancia. ¿Capricho? ¿Idoneidad? ¿Tal vez una consecuencia lógica? Preguntas abiertas que en nada entorpecen el trabajo expuesto por el titular de la OFM. A muchos se les escapa que está batuta es la gran embajadora de la escuela vienesa en Málaga. A lo ya escrito nos remitimos, cada vez que el maestro aborda este pilar del repertorio queda ridículo el reconocimiento que supone el aplauso unánime. Exagerado o no tenemos dos referentes hasta llegar a esta tercera Mahleriana. El trabajo expuesto por  Bernard Haitink en los Proms londinenses pasados junto a la London Symphony Orchestra; y en un ámbito más cercano la inolvidable versión de la Sinfonía “Resurrección” y nuestra orquesta con el entonces titular Edmon Colomer.

Entre La Creación de Haydn y la Sinfonía en re menor del bohemio no sólo transcurre la centuria que las separa, sino también la evolución de una escuela y dos decisivos discursos musicales. Mahler en su particular visión de la creación – plagada de angustias y preguntas sin respuestas- dibuja un escenario ascendente, magistralmente dirigido por Hernández Silva sobre la base de dinámicas contrastadas, pulso enérgico sin menoscabo de remansos suspendidos como el Cómodo, Scherzando del tercer tiempo. Ciento cuarenta y tres minutos de hasta ese momento de clímax del movimiento conclusivo iniciado con el vasto movimiento inaugural en el que nuestra batuta sentó las bases de todo lo que iba a acontecer.

Hemos aguardado pacientemente el reencuentro con el Coro de Ópera y subrayar que esta columna, por encima de afectos, se debe al trabajo meditado y valorado en su justa medida. De este modo, el esfuerzo de Salvador Vázquez con la cuerda femenina denota la calidad e intención del maestro en contraste con el papel en Los Planetas de Holst salvando, eso sí las distancias. Interesante también la escolanía que dirige Pérez del Campo aunque el foco de atención era, obviamente, la voz de la mezzo María José Montiel. La Montiel demostró una vez más la versatilidad de su instrumento marcando otro momento de interés en el desarrollo de la sinfonía, por algo es uno de los referentes en este género tan delicado como es el lied.

Termina la temporada, los profesores han gozado del espacio necesario donde mostrarnos hasta qué nivel pueden llegar ¡y de qué manera! Tan sólo nos faltan dos cosas para que la formación alcance su cota ideal: el auditorio, sea en el Astoria, el puerto… pero el auditorio; y en segundo lugar, una mayor implicación de los aficionados bien con el abono o acudiendo regularmente a las propuestas de Manuel Hernández Silva.

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Alejandro Fernández 09|04|2017

 





MOZART ILUMINADO

6 06 2017

Temporada de abono OFM 16/17

Concierto nº 14 W. A. Mozart y R. Schumann

Solista: Juan Pérez Floristán, piano

Dirección: Manuel Hernández Silva

Programa: Concierto nº 21 para piano y orquesta en do mayor, K.467, de W. A. Mozart y Sinfonía nº 2 en do mayor, op. 61 de R. Schumann.

Teatro Cervantes 02/06 20:00h.

Dos maestros – Mozart y Schumann- ocupaban los atriles de los profesores de la Filarmónica de Málaga este viernes. La expectación era máxima si consideramos la visita del ganador de la última edición del “Paloma O’Shea”, el sevillano Juan Pèrez Floristán. Con el Cervantes hasta arriba, pudimos disfrutar de una de las actuaciones más maduras de nuestro conjunto. Equilibrio entre claridad y contraste por parte de la batuta; serenidad y expresión por de la mano del solista; y finalmente, empaste y sonido oscilante lleno de matices en el conjunto sinfónico. Esto ocurriría el viernes, el jueves la nota nuevamente fue la soledad de la sala aun contando con un programa clásico y romántico para este penúltimo abono de la temporada. Páginas distanciadas por apenas sesenta años que las hacen muy interesante para los habituales juegos sonoros que nos ha planteado la Temporada.

A lo largo de las distintas propuestas ofrecidas por el titular de la OFM hemos visto aparecer en el escenario una completa selección de solistas que han colaborado intensamente en la idea retrospectiva y diversidad del repertorio defendida por Manuel Hernández Silva. Tan sólo nos resta la visita de la soprano española María José Montiel para la decisiva colaboración en la Tercera Sinfonía de Mahler. Pero en este abono catorce, Juan Pérez Floristán brillaría con luz propia y de qué manera, tan segura y convincente.

El Concierto nº 21 de Mozart (que comparte tonalidad con la sinfonía schumaniana) es uno de los ejemplos más claros del concierto moderno que dibuja ese tono de aparente justedad entre conjunto y solista, y sin embargo reserva al piano de una mayor libertad expresiva a pesar de los numerosos diálogos que se suceden en los tres movimientos que lo estructuran. Este es el punto de partida, pero lo especial, lo distinto fue la lectura de Pérez Floristán y OFM. En las manos del pianista andaluz haces de luz se combinaban en un juego de sinestesias a todo lo largo del concierto. Interpretación madura, muy contrastada y personal la ofrecida por Floristán descubriendo la estrecha relación lírica de la página a caballo entre el lied y el aria, como muestra el andante o el tono desenfadado no falto de virtuosismo con el que convenció el piano del artista sevillano.

Hernández Silva volvió la mirada hacia Schumann nuevamente. Se siente seguro especialmente en el modo como la batuta encadena los motivos atesorados por Schumann. La Segunda sinfonía, simplemente fue una muestra de trabajo maduro, ejemplo de profesionalidad, especialmente en la capacidad técnica y sensibilidad artística. Si este es el nivel alcanzando en la temporada piensen en los encuentros que nos tiene reservada la OFM para la próxima.

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Alejandro Fernández 09|04|2017





Cuando la fe no basta

30 05 2017

Temporada de abono OFM 17|18

Concierto de abono nº 13 A. Bruckner

Orquesta Filarmónica de Málaga

Dirección:  Carlos Domínguez Nieto

Programa: Sinfonía nº 5 en si bemol mayor, WAB. 105, de A. Bruckner

Teatro Cervantes 25|05 20:00h.

La recta final de la temporada de la Filarmónica nos reserva tres citas de altísimo nivel artístico y, por qué no decirlo, ambiciosas. Ésa es la intención, cuestión aparte es la realidad o, mejor dicho, la soledad. Más allá del hecho puntual de descubrir una sala con apenas un par de cientos de asistentes (lo que tiene su propia reflexión y múltiples respuestas) la OFM sigue décadas después sin el contenedor necesario para desarrollar profesionalmente la actividad cultural para la que fue concebida. El auditorio no tiene como fin primero disponer cómodamente a sus abonados y aficionados, sino dotar al conjunto sinfónico de los elementos técnicos que permitan la acústica propia de una orquesta como la nuestra.

Bruckner estuvo solo, inmensamente solo pero como aficionado sigo reclamando menos paternalismos y sí la necesaria solución a las más que evidentes deficiencias acústicas del Cervantes, espacio en el que, por otro lado, estamos de prestado y precisa también otro debate sereno; entre el veinte por ciento y los jueves hay una realidad que se llama media de asistencia trufada por la propia idiosincrasia malagueña. Por todo esto, tras la monumental interpretación de la Filarmónica y Carlos Domínguez Nieto en la batuta del quinto trabajo sinfónico bruckneriano la impresión es una mezcla de sonrojo, admiración y deseo.

El perfil decididamente internacional no sólo en el capítulo formativo, sino también profesional, focalizado en Centroeuropa, hace del madrileño Carlos Domínguez toda una autoridad al considerar su perspectiva del gran sinfonismo. Nada queda a la improvisación, todo responde a un esquema centrado en el pulso y la dinámica que, más que ascenso, es una profunda evolución posible gracias a que respira la partitura. Ésa fue la proeza de Domínguez en el podio de la Filarmónica, como otro atril más, en la lectura de Quinta Sinfonía de Bruckner. No hubo milagro, pero sí un trabajo para referenciar a nivel profesional y, de paso, inolvidable como oyente.

Un caminar lento, apesadumbrado, marcado por las cuerdas graves, antecedía al adagio-allegro inicial sobre una atmósfera opresiva que caracterizaría el primer tiempo dibujado por Domínguez Nieto. Continuó un adagio suspendido, compacto y coherente de principio a fin; aquí la dirección incidió en las simetrías y paralelos que guarda con el movimiento inicial. El scherzo enlazado con el adagio precedente descubre en el tema danzante que guarda cierto espacio para distraer la tensión hasta la conclusión donde Carlos Domínguez pudo extraer del conjunto una emisión rotunda. Durante toda la interpretación se sucedió algo más que complicidad entre músicos, la definición correcta no es otra que la suma de esfuerzos de los profesores y concretamente entre secciones, la solvencia de las maderas y el bruñido de los bronces en la construcción de la arquitectura sinfónica ideada por el compositor… Todo como un alegato a la fe y la convicción que la sostiene. Éste fue el Bruckner que nos hizo respirar Domínguez Nieto.

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Alejandro Fernández 26|05|2017





PARADELL: ENTRE ESPAÑA E ITALIA

29 05 2017

XXVII Ciclo de Conciertos de Órgano Catedral de Málaga

Concierto de órgano solo

Solista: Juan Paradell Solé

Programa: obras de S. Aguilera, P. Bruna, G. Tartini, B. Marcelo y F. J. Haydn así como anónimos españoles e italianos

S. I. Catedral de Málaga 24|05 20:30h.

El ecuador del Ciclo de conciertos de órgano, que organizan la Universidad de Málaga y el Cabildo Catedral, nos acercaba este miércoles dos escuelas -italiana y española- unidas por un instrumento de la mano del barcelonés Juan Paradell Solé. Alumno destacado de Montserrat Torrent y Miserachs es titular de la Capilla Musical Pontificia “Sixtina” y de la propia Basílica de San Pedro. En su talento descansa la pulcritud de las grandes celebraciones vaticanas y como intérprete roza la emoción del oyente. Paradell ofrecería un programa agrupado en tres bloques entre el alba del barroco, sus luces, y el nuevo estilo encarnado por Haydn.

Paradell comenzaba el periplo con una Ensalada de Aguilera de Heredia, el eslabón clave entre Cabezón y Correa de Arauxo, en la que es apreciable la rigidez de los cánones polifónicos en contraste a la flexibilidad que maneja Haydn desde los márgenes del clasicismo. La sobriedad que reviste la página estuvo enfatizada por el tono preciso, en ocasiones alargado y puntiagudo marcado por la lectura del organista barcelonés. Todo un pórtico de entrada al grupo de anónimos italianos y españoles imprescindibles antes de adentrarnos en las profundidades de la obra Pablo Luna. En estos anónimos contrasta la visión más cristalina y evocadora italiana en oposición a la rigidez de una gloria ya pasada incapaz de ocultar el despertar de un nuevo lenguaje de calado internacional de la escuela española.

Conocido como El ciego de Daroca Paradell nos acercó su Tiento de 1er. tono  de la mano derecha,  partitura de extraordinaria riqueza donde la mano derecha del solista asume la interpretación y relega la izquierda al discreto acompañamiento. Lejos de artificios y pretensiones en el hilado de los temas en los que también concurre cierta libertad para el solista, momento de lucimiento que enlaza perfectamente con el virtuosismo que borta de los maestros italianos del barroco, en especial Tartini y Marcello. Discípulo destacado de Corelli, Tartini presenta en el Largo en sol mayor motivos más contrastados que permite la forma sonata, punto formal de partida que a pesar de la concreción en el concierto, Marcello no duda en reivindicar a través del tamiz de J. S. Bach.

La frescura y el torrente creativo de Haydn protagonizarían el último bloque del concierto de corte distendido y festivo que no oculta su tono danzante de las 8 piezas para un “Flotenuhr” y que sirvió de colofón a este viaje sonoro nada improvisado, en su aparente eclecticismo, sin ocultar los vasos comunicantes del extenso repertorio puesto en valor por el maestro catalán Juan Paradell al público que abarrotaba la Catedral. Música de hondas raíces capaces de conmover y llegar al corazón.

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Alejandro Fernández 26|05|2017





Aires clásicos, aires de danza

10 05 2017

Proyecto orquestal Promúsica

Del clasicismo al siglo XX

Orquesta Promúsica

Solista: Carmen M. Elena González, cello

Director: Javier Claudio

Programa: Sinfonía en Fa para cuerdas Brown I:F12, de Karl Von Ordoñez; Concierto n2 en Re mayor Hob. VII:2 para violonchelo y orquesta, de J. Haydn y Danzas Folklóricas Rumanas SZ 56, de B. Bartok

Sala María Cristina 06/05 20:00h.

El período barroco tiene en lo popular uno de sus principales yacimientos, por tanto, no resultara extraño que multitud de formas tenga en la danza un punto común. El clasicismo y toda la evolución de la música hasta nuestros días encuentran en los temas tomados del folklore motivos originales sobre los que construir estructuras más complejas que han contribuido al desarrollo de la sinfonía, el concierto o la suite.

De origen español, el noble Karl Von Ordoñez fue contemporáneo de Haydn. Ambos contribuyen al desarrollo de la sinfonía, si bien Haydn es reconocido como el gran impulsor del género. Ordoñez nos legaría un extenso catálogo sinfónico de más de setenta sinfonía, sin mencionar cuartetos, cantatas, tríos… entre otros. Apenas una docena de sus sinfonías recurren a la estructura en cuatro movimientos y que curiosamente terminará por consolidarse durante el periodo romántico. La Sinfonía en Fa menor es un ejemplo de esta estructura donde encontramos motivos danzantes de sonoridades agradables y evocadoras como así puso de manifiesto el conjunto que dirige Javier Claudio. Pero además en los cuatro movimientos descubrimos también un fuerte sentido del ritmo, al que Claudio prestaría especial atención, además de los ambientes que recrean los cuatro tiempos contratantes de esta rara sinfonía.

Y de Ordoñez a Haydn, centro y referente de todo el Clasicismo, su trabajo influiría decisivamente tanto en la sinfonía como las páginas concertantes en las que tienen cabida el propio lucimiento del solista. El conocido Concierto para violonchelo n 2, responde a este ejemplo, hasta el punto que erróneamente se atribuyó a Anton Kraft, uno de los solistas de la orquesta de los Esterházy. Resuelta la autoría, Carmen Elena sería la solista protagonista de este gran concierto a la altura de los de Boccherini, Schumann o Dvorák entre otros. Tras el extenso allegro inicial de estructura cíclica y en el que no falta una candenza brillantemente expuesta por la solista antes de la recapitulación, le sucede un adagio íntimo y de vocación cantabile propicio a la sensibilidad artística de Carmen Elena y en el que el conjunto adquiere un papel meramente secundario. En el allegro conclusivo Javier Claudio dibujaría con su orquesta un tono festivo, casi danzante propios de un rondó rendido al genio técnico de la malagueña.

Bela Bartok concluía el viaje propuesto por la Orquesta Promúsica con las Danzas Folklóricas Rumanas poniendo de manifiesto cómo la danza ha seguido influenciando la música en la centuria pasada. Concierto en absoluto amable con el conjunto aunque para el oyente apetecía de fácil escucha, aparentemente.

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Alejandro Fernández 08|05|2017





El Neville se consolida

9 05 2017

Orquesta Filarmónica de Málaga

Ciclo La Filarmónica Frente al Mar

Solista: Alfredo Ferré Martínez, violonchelo

Director: Alejandro de Palma Garrido

Programa:  “Ruy Blas”, op. 95 Obertura, de F. Mendelssohn; Concierto para violonchelo y orquesta en la menor, op. 129, de R. Schumann y Sinfonía n 5 en mi menor, op. 64, de P. I. Tchaikovsky

Auditorio Edgar Neville 05|05 20:00:h.

Las pruebas del éxito podemos descubrirlas no tanto en el atractivo de las localidades, como la flexibilidad del formato que da cabida a jóvenes solistas e incipientes batutas. El ambiente, aún siendo serio posee un toque más distendido fruto de la media de edad sensiblemente más baja que domina estos conciertos, en comparación a los abonos en el Cervantes. También el encanto de las obras en programa atraen a los aficionados como ocurriera el pasado viernes donde Mendelssohn, Schumann y Tchaikovsky protagonizaron el último concierto del ciclo, con el cello solista de Alfredo Ferré Martínez y la batuta de Alejandro de Palma Garrido.

El romanticismo alemán y el nacionalismo ruso ocuparían la atención de la Filarmónica en su propuesta para la clausura del ciclo La Filarmónica frente al Mar. La Obertura de «Ruy Blas», pàgina incidental, de Mendelssohn inauguraba el concierto. De Palma ofrecería una lectura sin grandes complicaciones en cuanto a dinámica y tiempo en contraste a las reservas que suscitó al término de la interpretación de la quinta de Tchaikovsky. Equilibrio y acento en los temas proporcionaron el encanto que distingue la música del compositor alemán.

Y del equilibrio del Mendelssohn al virtuosismo desbordado de Schumann y su Concierto para cello. Partitura que internamente se organiza sobre tres tiempos contrastados aunque en la ejecución, los movimientos se suceden sin interrupción. Alfredo Ferre daría alas a una interpretación algo justa en el plano orquestal. Los tiempos suspendidos marcados por de Palma de alguna forma restaban soltura a la intensidad lírica mostrada por el chelista español. Destacar el sentido cíclico de la partitura que en manos de Ferre se reviste de coherencia interna lo que favorece un discurso bien dosificado hasta la cadenza acompañada que emboca la conclusión del concierto.

La segunda parada del tríptico sinfónico escrito por Tchaikovsky tiene en la Quinta Sinfonía su protagonista. Acogida sin mucho entusiasmo en el estreno, no sería hasta la audición alemana cuando realmente alcance cierta consideración. En la actualidad es una de esas «obras gancho» que su programación llenan un auditorio. Cuestión aparte es su recreación por el conjunto y la batuta. Pobre, resume el papel ofrecido por la Filarmónica y muy peculiar la dirección marcada por Alejandro de Palma. Frente a una sonoridad brusca, seca y escasamente empastada, se sumó una dirección con tiempos pesados, lentos e innecesariamente alargados hacia ningún destino. La inexpresividad del tercer tiempo, contrasta con el velado del primer andante fruto de la escasa atención a las modulaciones, más bien desatendidas, creando lagunas en la sucesión de los motivos. El finale puso de manifiesto que Tchaikovsky no se improvisa y que no precisa de aportaciones porque la fuerza interior de la Sinfonía está plasmada en el pentagrama, sólo hay que respirarla.

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Alejandro Fernández 07|05|2017








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