Un réquiem humano

10 04 2017

Temporada de abono de la OFM 16|17

Concierto de abono nº11: Semana Santa

Orquesta Filarmónica de Málaga

Coro de ópera de Málaga

Director de coro: Salvador Vázquez

Coral Carmina Nova

Director de coro: Diego González Ávila

Director: Manuel Hernández Silva

Solistas: Juanita Lascarro, soprano y Thomas Laske, barítono

Programa:  Un réquiem alemán, Op.45, de  J. Brahms

Teatro Cervantes viernes 07|04 21:00h.

Como ocurriera con el primer trabajo sinfónico de J. Brahms, su Requiem caminaría por un largo camino que comienza a mediados de los años cincuenta del diecinueve y se alarga hasta el final de la de la década posterior. Como fondo, como idea motor una selección de textos extraídos por el músico de la Biblia Luterana, por lo que marca distancia con la tradición de la liturgia católica y convierte su obra en una reflexión entorno al final de la vida, el dolor, la resignación y ante todo una prueba de fe. En la empresa, el compositor dispone siete textos en los que despliega una imponente arquitectura musical que no repara ni en atriles, ni en masa coral, incluyendo dos solistas vocales.

El abono de Semana Santa nuevamente volvería a registrar un pleno del Cervantes. Había motivos para la celebración: el aniversario de la reapertura del teatro, y en esta semana conocíamos en los medios la renovación del compromiso de Manuel Hernández Silva como titular de la Filarmónica hasta junio de dos mil veinte. Por fin, la idea de continuidad cala y podremos considerar el nivel y alcance del trabajo realizado con el maestro sin esa transitoriedad que ha reinado en los últimos tiempos en el podio de la OFM.

En la música no ha milagros, cuando una obra se prepara es necesario tiempo, técnica y compromiso. Ideas quizás vagas pero tras escuchar el primer número del Requiem entendimos que sólo el oficio nos salvaría del desastre. Coro de Ópera y Carmina demostraron que necesitan un nuevo compromiso que no pasa sólo por la desinteresada disposición de sus componentes. Se hace necesaria la renovación, reconstruir las cuerdas y por supuesto una mayor implicación de las instituciones que han venido apoyándolas. No estamos ante dos formaciones profesionales y por tanto exigir está de más, pero la expresión hizo alarde de su ausencia, sustituyendola cierto aire de incomodidad y falta de concreción en la monumentalidad de la página bramhsiana, lo cual también incomoda al oyente y preocupa, en especial a quien escribe que antes que bailar el agua prefiere anotar.

Hacia el corazón del Requiem y hasta su tiempo conclusivo no descubrimos un mayor equilibrio en el discurso y diálogo entre profesores y coros. Difícil tarea la del titular de la OFM para resolver con garantías el programa. La soprano colombiana Juanita Lascarro y el barítono alemán Thomas Laske protagonizarían los papeles solistas resolviendo con elegancia y gusto musical apoyados por el conjunto sinfónico muy concentrado por no hablar de la constante preocupación de empaste tanto con el coro como con los solistas.

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Alejandro Fernández 09|04|2017





TEMPORADA DE ABONO OFM 16|17 /11/

5 04 2017

Concierto de abono nº 11 Semana Santa

Orquesta Filarmónica de Málaga

Coral Carmina Nova

Director de coro: Diego González Ávila

Coro de Ópera de Málaga

Director de coro: Salvador Vázquez

Solistas:

Juanita Lascarro, soprano
Thomas Laske, barítono

Director: Manuel Hernández Silva

TC juveves 06|04 21:00h. viernes 07|04 21:00h.

Programa

J. Brahms

Un réquiem alemán, Op.45

+Info: 

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RAISKIN Y EL SINFONISMO RUSO

4 04 2017

Temporada abono OFM 16/17

Concierto de abono 10. Borodin, Tchaikovsky  y Glazunov

Orquesta Filarmónica de Málaga

Director: Daniel Raiskin

Programa: Sinfonía nº 3 en la menor (inacabada), de A. Borodin; Suite “La bella durmiente”, op. 66a, de P. I. Tchaikovsky y Sinfonía nº 5 en si bemol mayor, op. 55, de A. Glazunov

Para buena parte de los aficionados el gran sinfonismo ruso tiene sus límites en la integral sinfónica de Tchaikovsky, especialmente su trìptico final. El resto, lo conforman una suerte de páginas que con mayor o menor fortuna ha calado en el repertorio de forma desigual. Pero Tchaikovsky representa una arista más dentro de un cuadro común, prolífico y sorprendente, que arranca bien entrado el diecinueve y que llega hasta nuestros días transformado en una de las grandes escuelas musicales. Esa sería la apuesta presentada por la sólida batuta de Daniel Raiskin al subir al podio de la Filarmónica, desde una visión personal alcanzando cotas sonoras que en otros programas hubieran pasado desapercibidas.

Miembro del Grupo de los Cinco, Borodin representaba el peso de la fuente inagotable de temas entresacados del folklore ruso que alimentaría los presupuestos estéticos del movimiento nacionalista de su centuria, frente al estilo más refinado y occidental de Tchaikovsky o la firmeza estética defendida por Glazunov. Raiskin, de pulso firme y control dinámico flexible, centraría la interpretación de la sinfonía -y de todo el concierto- en la exposición clara y en ocasiones densa de las obras en concierto. De la introducción oscura mostrada por las maderas en el Moderato marcaba distancia con el desarrollo del tiempo más luminoso y brillante apoyado en la sección de cuerdas. Un tema desechado de “El príncipe Igor” centra en el scherzo, de ambiente popular y festivo que lo atraviesa hasta la coda final chispeante y marcada.

Cinco fragmentos conforman la suite orquestal de “La bella durmiente” propuesta por Ziloti, en ellos queda patente el sentido dramático y extremo del genio ruso, pero también el dominio de la paleta orquestal, el sentido contrastante de los números o la propia fuerza desgarrada que imprime en el pentagrama. Raiskin junto a la OFM se fijó en la propia energía de los motivos acentuando bronces y percusión frente a la fragilidad cristalina de las cuerdas. Quizás una versión particular y pèrsonal pero sin duda indiferente teniendo en cuenta la convicción y unidad mostrada a lo largo de la página.

La quinta de Glazunov cerraba el programa propuesto por la Filarmónica. En ella el director invitado  concentraría los esfuerzos en la propia idea de música abstracta, pura escrita por Glazunov. Daniel Raiskin no sólo nos dejó el reflejo de una escuela sino también la convicción de una batuta más que solvente en el podio de la OFM.

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Alejandro Fernández 03|04|2017





Torrens doscientos años después

27 03 2017

Capilla de Música Maestro Iribarren

Ciclo de conciertos de Música Sacra

Concierto de Cuaresma.

Ars Málaga 25/03 19:30h.

Solistas: Lorenzo Triviño y Francisco Gil, violines; Antonio del Pino, viola; Carlos Cardinal, cello y Luis Pacetti, tenor.

Programa: obras de F. J. Haydn, J. Torrens y A. Vivaldi

Un músico malagueño, Jaime Torrens accedía al cargo de maestro de capilla de la Catedral tres años después de la muerte de otro gran maestro Juan Francés de Iribarren, para muchos, uno de los grandes referentes del repertorio barroco español en su etapa tardía. Torrens nos conectó con la gran tradición a través del dictado de Haydn. En aquella Málaga de la segunda mitad del dieciocho la actividad musical pasaba irremediablemente por la capilla catedralicia en la que muchos de sus integrantes compaginaba la labor como instrumentista con la de composición. Fruto de aquellos trabajos son hoy el gran archivo musical que custodia nuestro Primer Templo.

Tras la reinauguración del Palacio Arzobispal, la Capilla de Música Maestro Iribarren organiza un ciclo de conciertos centrados en la recuperación, transcripción y puesta en valor del legado musical catedralicio dándolo a conocer en sus distintas actuaciones. Trabajo cuanto menos heroico especialmente de la mano de su director Antonio del Pino, músico incansable que no deja de sorprender tanto por sus hallazgos, como la cuidada selección de obras en concierto. Claro ejemplo lo encontramos en el programa propuesto para el último programa del ciclo: dos tradiciones, germana e italiana enmarcando la obra del compositor malagueño que regresa del olvido.

Haydn reviste su producción sacra de un velo místico que en oposición a las fuerzas demostradas por Haendel se preocupa más por formas más íntimas no menos ambiciosas. La introducción a Las siete últimas palabras de Nuestro Salvador Jesucristo en la Cruz, lo confirman; la interpretación de los profesores de la Capilla incidía en el carácter meditativo del pasaje instrumental que abre la página. El rotundo cello de Carlos Cardinal anunciaba en su cordaje grave el drama evangélico. Interpretación centrada sobre dinámica pausada de espacio suspendida aprovechando las cualidades acústicas de la sala de concierto.

El plato fuerte del programa nos lo ofrecía el tenor malagueño Luis Pacetti -la jornada anterior actuaba con la OFM y la batuta de Salvador Vázquez en el programa Ocón-Fauré en la Catedral- reestrenando una selección de piezas de las Lamentaciones de Jeremías escritas por Jaime Torrens para el olvidado Oficio de Tinieblas. Pacetti posee un instrumento del que extrae el máximo rendimiento a fuerza de técnica vocal, pero sobre todo gusto musical que lo convertían en el solista ideal para dar a conocer estas piezas rescatadas por Antonio del Pino. Cada una estas lamentaciones tienen su centro en la importancia del texto, aunque cada una de ellas forman un tesoro en sí mismas. Las estudiadas inflexiones dibujadas por Pacetti destacaron el inmenso valor musicológico de estas páginas que muy bien podrían ser llevadas al disco. Finalmente, el viaje concluía en Venecia de la mano de Vivaldi y su Sonata al Santo Sepulcro, toda una rareza teniendo en cuenta la plantilla para la que la dispone.

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Alejandro Fernández 27|03|2017





Las miradas del veinte

14 03 2017

Con el florecimiento de las distintas escuelas nacionales y la puesta en valor de las fuentes y legados propios, las normas académicas, su ortodoxia, se verían seriamente superadas hasta proporcionar una gramática musical común pero de idioma plural. Desde este nuevo horizonte, el siglo veinte puede ser entendido y justificado en la atomización de la forma y corrientes estéticas. Pretendido o no, el titular de la OFM nos propiciaba una puerta de entrada, de entendimiento a este período aparentemente inaccesible y orlado de complejos como fue la aún lejana centuria pasada.
Escrita para el treinta aniversario de la Revolución Rusa, Shostakovich proporciona al aparato político la banda sonora para exaltar las virtudes y ninguna sombra del régimen soviético en su Obertura Festiva. A pocos se nos escapan hoy aquellos largos tentáculos para doblegar voluntades y silenciar disidencias. El compositor lo vivió en carnes propias y, a pesar de ello, supo construir un lenguaje personal, pero, sobre todo, crítico.

Ejemplo de esta idea es su Obertura Festiva: enorme, en su plantilla; ampulosa, gracias a bronces y percusión; y sencillamente vacía, como si de una arquitectura efímera se tratase. En su interior un tema rotundo que aparece y resurge en su hilado tripartito. Nuevamente, el músico juega con el humor como punto de fuga. Esa perspectiva reinaría la apertura del último abono de la Filarmónica de Málaga.

La viola solista de Joaquín Riquelme, miembro de la Filarmónica de Berlín, hacía su debut con nuestro conjunto de la mano de W. Walton y su Concierto para viola. Página que desde su redacción encumbró a su autor y fue la excusa para que otros ahondaran en su repertorio. Su carácter tonal destaca sonoridades líricas y profundas al circular por el plano medio-bajo de las cuerdas. Orquesta y solista encontraron desde el lento inicial puntos de diálogos mostrando una interpretación pausada y evocadora, incipit de los dos movimientos animados que suceden al concierto. El titular de la OFM, Manuel Hernández Silva, subrayó el tono danzante del tiempo central con excepcional pulso hasta llevarnos junto a Riquelme a la conclusión donde evocar el motivo primero de la partitura.

Si sobresaliente puede entenderse el concierto de Walton, llegados a la oculta sinfonía de Grieg alcanzamos un nuevo punto de inflexión de la temporada de la Filarmónica de Málaga. La cocina de la Sinfonía en do ha pasado por un arduo trabajo de los profesores en los ensayos hasta alcanzar los resultados escuchados en el pasado conciertos. Sus cuatro tiempos miran al pasado con nombres propios lo que no le resta originalidad y factura original de su autor. Destacar el saltarín intermezzo, la delicada sonoridad del adagio que lo precede y el rotundo finale propio de una gran Sinfonía.
En definitiva, programa excepcional tanto en su propuesta musicológica, como interpretativa. La OFM avanza con una maquinaria bien engrasada que hace las delicias del oyente. Y es que la madurez le ha llegado a nuestra orquesta.

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Alejandro Fernández 13|03|2017





La perspectiva Sanzo

7 03 2017

Recital Ángel Sanzo. Piano

Sala María Cristina

04|03 20:00h.

Programa: Fantasía en Do menor KV. 475, de W. A. Mozart; Sonata op.2 n.3 en Do menor, de L. V. Beethoven; Sonetos de Petrarca n. 47 y 123 y Valle de Obermann, de F. Liszt y La valse (poema coreográfico), de M. Ravel

Acudir a la Sala María Cristina es siempre una experiencia no sólo por la seriedad del pùblico que la ocupa, sino también por ese sonido tan especial que convierte a este escenario, de obligado peregrinaje cuando la ocasión así lo merece. Ángel Sanzo volvía a Málaga, y para la ocasión contó con la mítica sala. Profesor del Superior de Badajoz, pedagogo incombustible e intérprete por vocación, Sanzo nos proponía un viaje anclado en la tradición desde la perspectiva que va desde el clasicismo mozartiano hasta la mirada clásica de Ravel, pasando por la escuela alemana de Beethoven o el virtuosismo de Liszt y, por supuesto, libre entre sus manos.

Dos horas colmadas de sensibilidad con un programa pleno de hallazgos y técnicamente impecable. El pianista malagueño desnudo de convencionalismos se entregaría a una interpretación donde la sutileza fue su timón y la técnica el lienzo para dibujar la tradición que llega hasta nuestros días.

Mozart y Beethoven ocuparon la primera parte del recital y aunque las indicaciones del clasicismo los dirigen, dibujan un nuevo horizonte estilístico que reinará sobre el piano: el romanticismo. La Fantasía KV. 475 presentan a un Mozart poliédrico capaz de enlazar, en apenas diez minutos, todo lo que bulle en su interior sobre rígidas convenciones clásicas. Fue esta idea la que manejaría Sanzo en su interpretación destacando el inquietante tema de apertura y cierre; subrayar el conmovedor andantino que sitúa el músico en el corazón de la fantasía.

Haydn fue el dedicatorio del op. 2 de las Sonatas para piano de Beethoven y en ellas más que una influencia condicionada hacia Beethoven, descubrimos una arquitectura que traspasa esos límites y amplían los márgenes de un músico que busca su propio lenguaje. Desde esta idea, el pianista malagueño nos ofrecía un Beethoven que haría del piano uno de los pilares de su producción más como maduración que experimentación. Tras el enérgico Allegro inicial le sucederían un adagio de ensueño hasta un scherzo saltarín, prólogo al contundente allegro conclusivo brillantemente defendido por Sanzo.

Las transcripciones de Liszt posiblemente han eclipsado su abundante catálogo original para piano. Páginas de pequeño formato que avanzan desde el innegable virtuosismo, hacia la evocación de momentos vividos que constituyen sus cuadernos de Años de Peregrinaje. Obras que servirían de puente con el apoteósico Ravel propuesto por Sanzo y que cerraban este personalísimo viaje. Recital en pocas palabras redondo, cargado de intención y siempre revestido de esa acertada intuición con la que el maestro Sanzo conquista a su público.

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Alejandro Fernández 07|03|2017

 





Scarpia eclipsa a Tosca

1 03 2017

XXVIII Temporada Lírica

Tosca

Ópera en tres actos de Giacomo Puccini sobre libreto de G. Giacosa y L. Illica
según la obra homónima de V. Sardou.

Producción Ópera 2001 en coproducción con la Ópera de Massy

Solistas:  Melanie Moussay, soprano; David Baños, tenor; Paolo Ruggiero, barítono; August Metodiev, bajo; Matteo Peirone, bajo; Nikolay Bachev, bajo y Dimiter Dimitrov, tenor

Orquesta Sinfónica y Coro Ópera 2001

Escolanía Santa María de la Victoria

Dirección de escena: Roberta Mattelli
Dirección Escolanía: Narciso Pérez del Campo
Dirección musical: Martin Mázik

Literalmente curados de espanto de las descabaladas e intencionadas propuestas de la compañía Òpera 2001, el segundo título programado para la temporada lírica del Cervantes nos acercaba a la ciudad eterna como fondo, y el drama de Tosca como protagonista, este pasado fin de semana entre tunos y chirigotas. Debemos reconocer la predisposición antes de ocupar la butaca pero hay ocasiones que suceden pequeños milagros domésticos, y decimos domésticos porque quien juega con fuego es muy probable que acabe dañado y ofuscando a quien lo contempla. En líneas generales podemos resumir este montaje como entretenido y aunque pueda apetecer un eufemismo en muchos momentos vivimos extremos entre la hilaridad y la admiración, a partes iguales.

Volvieron los primitivos rudimentos escénicos de tan ínclita compañía con la dirección escénica de Roberta Matteli a la que reconocemos el mérito de recrear un espacio con cuatro cacharros no sin alguna extravagancia como bendecir con una descomunal cruz alzada al final del primer acto o caracterizar en estilo imperio a una sobreentendida Tosca revestida de brocados y terciopelos. En fin, nada que no hayamos visto en otras ocasiones.

Cuando escuchamos las grabaciones es de Florence Foster Jenkins, más allá del propio hallazgo musical, pasa desapercibido el paciente y enorme talento musical del pianista acompañante. Es precisamente este hecho lo que destaca cuando el maestro Martin Mázik puede llegar a conseguir de la Orquesta y Coro Òpera 2001, de apenas cincuenta efectivos entre orquesta y coro. Mázik consigue hacer al menos profesionalmente decente lo que bajo ningún concepto despliega la entidad sonora de un drama pucciniano, aunque sí recrea. Con una banda y cuatro cuerdas la cosa da para lo que da y es de agradecer que el señor del maletín no salga del teatro como el gallo de Morón por parte del auditorio.

Pero oh milagro! Y de los gordos, cuando apareció en escena Paolo Ruggiero empezó el drama, la lección y la madurez vocal y artística. Ruggiero encarnó el despiado rol de Scarpia, el polo opuesto a la fragilidad vocal defendida por una Tosca excesivamente trasparente con algo de interés en el vissi d’arte donde le apreciamos un mayor control del fraseo. Otro punto de interés lo encontramos en el papel de Caravadossi defendido por un interesantísimo David Baños que poco a poco gana enteros en la escena.  Trasmitió la predilección por el personaje con credibilidad y entrega a pesar de la huidiza Moussai. No obstante, por el simple hecho de escuchar a este trío solista mereció asistir a la propuesta escénica de la controvertida  Òpera 2001. Por cierto, vuelven pronto.

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Alejandro Fernández 27|02|2017








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