Mainake y Coronas clausuran temporada

26 06 2018

Málaga. 22-06-2018. Sala María Cristina. Concierto Cuarteto Mainake y Paula Coronas, piano. Programa: Cuarteto nº 12 en Fa mayor op. 96 de A. Dvorák; Concierto para piano y cuerdas en Re mayor, BWV 1054 de J. S. Bach y Rapsodia Sinfónica op. 66 para piano solista y cuerdas, de J. Turina

Si el pasado día quince la OFM concluía su periplo musical con la inmensa Tercera de Mahler, la Sociedad Filarmónica de Málaga hacía lo propio este pasado jueves de la mano del Cuarteto Mainake (Nicolae Faureanu, violín; Daniela Basno, violín; Elena Cheburova, viola y Michile Strujik van Bergen, violonchelo) y el piano de Paula Coronas. Concierto cuanto menos interesante en lo programático y algo escaso en lo estrictamente artístico. Lo festivo no debiera restar interpretación haya o no pelucas de por medio y Bach como destino. Continuas interrupciones entre movimientos, abanicos, toses y rezagados inoportunos obrarían el resto.

La propuesta de Mainake y Coronas incidía en los lazos bidireccionales entre Europa y América bajo la atenta mirada de la forma -encarnada por el Maestro Kantor- y cómo influiría en músicos tan distantes estéticamente como Dvorák y Turina. Así lo dejarían entrever los profesores del conjunto malagueño y  en la segunda parte del concierto de clausura, el piano de Paula Coronas especialmente en la Rapsodia de Turina.

Como director del recién fundado Conservatorio Nacional de Nueva York A. Dvorák escribiría el Quinteto op. 97, la Sinfonía del Nuevo Mundo y el op. 96 para cuarteto de cuerda conocido como “Americano”. El músico bohemio no desaprovecha la estructura clásica y formal de la literatura escrita para las dieciséis cuerdas introduciendo su particular interpretación de las músicas populares americanas sin menoscabar la originalidad propia de su lenguaje.

Estructurado en cuatro movimientos el allegro inicial parece estar dominado por la profundidad de la viola que  se limita a exponer un motivo que serviría de excusa para lanzar al aire los “trinos” del violín primero. Nuevamente la viola vuelve a estar presente en el largo del segundo tiempo marcando un motivo obstinado que recorre todo el movimiento con especial protagonismo del cello de Strujik van Bergen. La evocación de los cantos negros dan paso a unos aires de danza eslavos que recuperan la perspectiva europea del molto vivace que torna a irrefrenable en el Vivace conclusivo construido sobre un único tema al que Dvorák somete a distintos desarrollos.

Bach y su Concierto BWV1054 abrirá una esperada segunda parte que desconcertó y supo a poco por la oportunidad de reencontrarnos con el repertorio español de Coronas. De la página bachiana tan sólo anotar que hizo aguas desde el ataque hasta la forma de enfrentar los adornos, sencillamente plano de principio a fin. El remedio llegaría de la mano de la Rapsodia para piano y cuerdas de J. Turina que en un primer momento fue concebida como sinfonía concertante. Sin solución de continuidad el andante inicial sería toda una demostración de técnica y gusto musical reafirmado por el allegro que cierra la partitura.  

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Alejandro Fernández 24|06|2018

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Mozart y Beethoven en femenino

2 05 2018

Málaga. 29-04-2018. Sala María Cristina. Academia Orquestal de Málaga. Concierto de Primavera. José Alcántara, oboe, Rafael García, clarinete, Patricio Medina, trompa, Francisco Puyana, fagot.  Dirección: María del Mar Muñoz Varo. Programa: Sinfonía concertante para oboe, clarinete, trompa, fagot y orquesta, K297b, de W. A. Mozart y Sinfonía nº 1, op.21 de L. v. Beethoven.

Existen diferentes marchas con las que se acogen los proyectos músico-educativos en Málaga que en paralelo tienen desigual respuesta institucional. Este desafortunado hecho hace que campeen los egos a sus anchas sobre el talento por el que deben apostar. Víctima de este fuego amigo es el proyecto de la Academia Orquestal de Málaga. En ella los futuros músicos tienen la oportunidad de acceder a una formación literalmente gratuita por ser estos el gran incentivo de esta empresa y a la que se suman un claustro de profesores de distintos conservatorios de la ciudad que ceden gratis et amore por la música su tiempo y experiencia. Fieles a la idea de visibilizar la música en Málaga es de recibo apelar a la legitimidad del proyecto, y a que se acoja y trate por igual.

Con las salvedades señaladas, la tarde de ayer convocaba a un interesantísimo programa en la Sala María Cristina dedicado a Mozart y Beethoven. En el podio la batuta de María del Mar Muñoz. Su batuta puede calificarse de cualquier manera menos de indiferente. En ocasiones rotunda, precisa en las entradas -algo muy de agradecer para un instrumentista y bastante morboso para el oyente- y sin exageraciones en lo gestual, que también es muy de agradecer.

Para este primer Concierto de Primavera con formato camerístico, dos páginas a caballo entre el sinfonismo clásico y el incipiente romanticismo acapararon el programa. Fechada a finales de la década de los setenta del dieciocho en París interesado en las sinfonías concertantes, el músico de Salzburgo escribió la K.297b para un cuarteto solista de oboe, clarinete, trompa y fagot. Articulada en tres movimientos, el allegro inicial discurriría por los continuos diálogos de los profesores Alcántara, García, Medina y Puyana sobre la base de una cuerda de empaste y emisión creíble. Seriedad en los ataques frente al movimiento de cierre que impone motivos escurridizos cuando la realidad oculta un tema y diez variaciones.

Tras el joven Mozart, la otra faceta sinfónica llegaba de otro genio, aquel que quiso llevar a la sinfonía a un espacio tan amplio que perdurara en el tiempo y con esta misión centró todos sus esfuerzos. Cuando Beethoven escribió sus dos primeras sinfonías lo hace volviendo la vista hacia sus maestros, especialmente Haydn, pero sin renunciar a sus propias ideas como compositor. Lectura de la Primera Sinfonía más cercana a planteamientos sonoros posteriores que a la precisión tímbrica que caracterizan a esta y a toda la integral sinfónica. Versión que exigía más contraste en la emisión.

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Alejandro Fernández 09|04|2017





Keduk entre las estrellas

20 03 2018

Málaga. 17-032018. Sala María Cristina. Ciclo Tocando las Estrellas. Kiryl Keduc, piano. Programa: obras de S. Rachmaninov, K. Szymanowski, C. Debussy, M. Ravel y F. Liszt

El bielorruso Kiryl Keduk protagonizaría el recital dentro del Ciclo Tocando las Estrellas que acoge la Sala María Cristina. Tarde desafortunada en lo meteorológico e interesante en lo musical que supo convocar a un buen número de aficionados. Recital a piano solo cargado de contrastes a medio camino entre el repertorio romántico y las primeras décadas del siglo pasado encarnado en los nombres de Ravel y Debussy protagonistas de la segunda parte del concierto. En el piano de Keduk no existe la tibieza ni la duda gracias a una técnica firme y decididamente al ataque. Músico de intensidad que imprime en sus lecturas tiempos ágiles que en ocasiones dejan un estrecho margen a la simple recreación musical.

Rachmaninov publicó en la última década del diecinueve su Morceaus de fantaisie op. 3 página poco frecuente de las salas de concierto estructurada en cinco motivos del que destaca su preludio. Es innegable el valor técnico demostrado por este sobresaliente músico que presentaría la obra como cuadros contrastados que en ocasiones apetecían opuestos frente al estilo evocador e interior que marca el preludio.

En plena Revolución Rusa Szymanowski emprende Masques op. 34 que recoge tres grandes mitos del pensamiento occidental entre los que destaca la Serenade Don Juan que cierra el tríptico. La lectura de Keduk evocaría cierto gusto romántico que plasma Szymanowski aunque impreciso en los destellos influenciados por Debussy. Todo lo contrario a lo expuesto en la Suite Bergamasque de Debussy que abría la segunda parte del recital y donde se descubre a un pianista más sereno, de energía medida que amplía de este modo el horizonte expresivo hasta convertir el Clair de lune en auténtica orfebrería al teclado.

La Tarantella de Liszt cerraría el concierto en un arrojo de agilidad y virtuosismo pero el otro foco de interés del programa se focalizaba en la versión que Keduc hizo de La Valse de M. Ravel. Decidido desde las brumas que imprime el compositor en el poema nuevamente se descubría a un intérprete incisivo que no dejaba espacio a la sucesión que encarna esta ensoñación, caracterizada por una línea dinámica en momentos galopante, correctísima en lo técnico aunque falta en lo emocional.

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Alejandro Fernández 19|03|2018





Haydn en las Estrellas

2 03 2018

Málaga. 24-II-2018. Sala María Cristina. Ciclo Tocando las Estrellas. Orquesta de la Academia Iván Galamian. Solistas:  Pablo Martos, violín y Alberto Martos, violonchelo. Programa: Obertura. Armida Hob. XXVIII:12; Concierto para violín y orquesta en Sol Mayor, Hob. VIIa4 y Concierto para cello y orquesta en Do Mayor, Hob. VIIb:1, de F. J. Haydn

Una nueva cita en la Sala María Cristina con el Ciclo Tocando las Estrellas, acercaba este pasado sábado a dos músicos granadinos con un disco como programa y una idea formal que daba luz propia a uno de los compositores más decisivos del gran repertorio. Adalid de la escuela de Viena, Haydn traspasaría los límites de la servidumbre en la casa de los Eszterhaza con bastante más éxito que su coetáneo Mozart al servicio de Colloredo. Ambos representan el impulso, el germen del compositor moderno pero también el cimiento de un estilo, el clasicismo, que ampliarán los horizontes de la composición como reconociera el mismo Beethoven.

Pablo y Alberto Martos ofrecieron junto a la Orquesta de la Academia Internacional Galamian que comanda el maestro José Vélez, en la doble faceta de director y concertino, su primer trabajo discográfico para el sello Sony Cassical cuya simple referencia habla de una apuesta seria por el trabajo de estos dos solistas españoles.

Tres obras conformaron el concierto, que supo a muy poco tanto por el interés de las obras como el nivel artístico demostrado a lo largo del mismo. El programa se abría con la obertura de Armida, la ópera con más proyección del viejo maestro que sigue en su génesis los principios propuestos por la reforma de Gluck y que afectan incluso a su pórtico introductorio. La Academia Galamian se distinguiría por una lectura ágil y contrastada aprovechando la estructura interna de la obertura en rondo que permite incidir sobre un tema dominante, expuesto con pulcritud, y otros materiales temáticos extraídos de la ópera.

Entre el concierto para violín y el concierto para cello apenas transcurren cinco años, pero también es interesante descubrir que fueron escritos cuando no habían transcurrido veinte años de la desaparición de J. S. Bach. En este punto es posible establecer cierto referente estético para comprender la lectura ofrecida por los Martos. Ambas páginas destacan por la rigidez formal de tres movimientos animado-lento que se resiste abandonar la ornamentación, el papel de virtuosismo como base esencial a las que se adhieren descaradas referencias líricas. Los movimientos introductorios distan muy poco del aria da capo, los centrales presumen de un tono cantabile irresistible mientras que los conclusivos derrochan lucimiento del solista. No obstante, otra nota que destaca de estas dos páginas se sitúa en el balance -aún por desarrollar- entre orquesta y solista.

Pablo y Alberto Martos sortearían dificultades con la naturalidad del sonido que son capaces de extraer de sus respectivos instrumentos. Se aprecia algo más que estudio detrás de estas dos páginas de Haydn, por una parte la deseada interpretación sin atajos; y en un segundo plano, la coherencia formal que dotan de personalidad a estos dos músicos.

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Alejandro Fernández 19|02|2018

 





Granada culmina la integral Shostakovich

2 03 2018

Málaga. 23-II-2018. Sala María Cristina.Cuarteto Granada: Mario Navas, Emilia Ferriz, Manuel Moreno y Jeremías Sanz. Cuarteto nº 15 op. 144, y Cuarteto nº3 op. 73 de D. Shostakovich

No queda muy lejano aquel tiempo cuando en esta ciudad pensar en determinado apetecía irreal. La realidad ha cambiado tanto que aquello que antes producía vértigo hoy son proyectos solventes, y lo que es mejor poseen la suficiente continuidad como para entender que las sendas ya están marcadas y sólo resta materializarlos con la madurez y credibilidad con la que el Cuarteto Granada culminaba este pasado viernes la integral de los quince cuartetos de cuerda de D. Shostakovich en la Sala María Cristina que ha apostado por este proyecto crucial.

La idea de contrastar los primeros trabajos para las dieciséis cuerdas del compositor soviético, con los trabajos más maduros ha permitido apreciar la evolución estética del músico sobre una senda cada vez más alejando de la forma y cercano a lo autobiográfico. Poco a poco, la mano de Haydn y Beethoven se disuelven hacia horizontes que en ocasiones adquieren tonos operísticos y encuadres sinfónicos. Estas consideraciones exigen un tratamiento formal por parte de los atriles que han determinado el éxito del trabajo realizado por los componentes de Granada.

Con una muy buena entrada de la Sala María Cristina, constante de todo el ciclo, el Cuarteto Granada abrió el recital con los seis adagios que estructuran el nº15 de los cuartetos. Página densa, que a pesar de su apariencia opresiva muestra a un Shostakovich consciente de su ocaso que no duda en reflexionar sobre su propia obra. El violin de Emilia Ferriz iniciaría la lectura introduciendo una sonoridad irreal al que se unen el resto de cuerdas que empujan al oyente a un espacio desconocido. Los motivos se irían sucediendo de forma encadenada, que gracias al nivel técnico desarrollado por Granada dotaron a la interpretación de la suficiente carnalidad como para hacerlo opresivo e irresistible.

El contraste citado llegaría de la soberbia lectura del op. 73. Escrito en el año cuarenta y séis destaca por su decidido carácter melódico en oposición al número quince que renuncia a la seguridad que otorga la melodía. El número tres posee un interesante carácter cíclico que une los movimientos extremos y que exigen pulso y equilibrio dinámico. Destacar el violín de Mario Navas cuyo peso protagonista guió la interpretación del más conocido de todos los cuartetos. La profundidad de la viola de Manuel Moreno y cello de Jeremías Sanz tendrían un papel decisivo sin olvidar la pulcritud que extrae Ferriz en el segundo violín.

Acaba la integral Shostakovich y ahora si que comienza la madurez del conjunto que está llamado a convertirse en todo un referente musical.

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Alejandro Fernández 26|02|2018





Esencia Polo

20 02 2018

Málaga. 27-I-2018. Sala María Cristina. Ciclo Tocando las Estrellas.Suite nº1 en Sol mayor, Suite nº4 en Mi bemol mayor y Suite nº 6 en Re mayor, BWV 1007, 1010 Y 1012, de J. S. Bach. Solista: Asier Polo, violonchelo.

El Ciclo Tocando las Estrellas traía este pasado sábado a la Sala María Cristina a quien es considerado uno de los grandes intérpretes para violonchelo, el español Asier Polo. El gran maestro, como era de esperar, llenó el emblemático espacio de un público tan diverso como plural, tan respetuoso como atento. Este inmenso músico ha visitado Málaga las últimas temporadas acompañado de la Filarmónica de Málaga e interpretando grandes páginas del repertorio concertante para violonchelo. En esta ocasión aparecía ante un escenario desnudo y en la soledad de su instrumento para dar vida a tres de las seis suites para cello que escribiera el Cantor de Leipzig.

Escritas a comienzos de la década de los veinte del siglo dieciocho, Bach reside en la corte de Cötten en cuyo período concibe también las sonatas y partitas para violín solo. Aún no se ha descubierto al músico del oficio religioso que posteriormente conocerá Leipzig. Quizás sea el Bach más creativo frente al aluvión de temas que parodia en el corpus de los ciclos de cantatas. En el caso de las suites para violonchelo destaca el virtuosismo y la exigencia técnica como quedó remarcado en la lectura realizada por el violonchelista español. A esto último hay que añadir la particular sensibilidad que Polo imprime en sus interpretaciones que las hacen tan especiales y en el caso Bach tampoco fue la excepción.

Para la primera parte Asier Polo dispuso las suites primera y cuarta cuyos preludios conforman un espacio de creación libre. Al confrontarlos da la sensación de una aparente similitud y sin embargo conforman dos mundos independientes, de cuerpo y personalidad propios. En este sentido, el violonchelista centraría la interpretación en las grandes arquitecturas sin olvidar la propia emisión caracterizada por un continuo sentido oscilante del instrumento que lo dota de sensible corporeidad. Los motivos danzantes se suceden en elaboraciones cuidadas donde el torrente temático guarda estrecha relación y lógica con el precedente. Si a ello se añade la rotundidad técnica de Asier Polo no es extraño el gran valor del recital. De entre todo este material destacar las dos courante, momentos de gran profundidad a las que Polo dibujaría con especial cuidado.

La Suite en Re mayor que ocupó la segunda parte del programa participó de la misma concepción estética anotada por Asier Polo durante todo el concierto, notas conclusivas alargadas, de corte estilizado y claro sentido contrastante.

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Alejandro Fernández 29|01|2018





Mozart y Schumann de cámara

19 12 2017

Sociedad Filarmónica de Málaga. Temporada 17/18

Abono 5

Málaga de Cámara

Solistas: Verónica Vidal, piano, Jorge Lu, violín; Mario Navas, violín; Sergio Martínez, violín; Manuel Moreno, viola; Rafael García, clarinete; Alejandro Martínez, violonchelo

Programa: Quinteto para Clarinete y cuarteto de cuerda en La mayor, K. 581, “Stadler” de W. A. Mozart y Quinteto para piano y cuarteto de cuerda en Mi bemol mayor, op. 44, de R. Schumann

Sala María Cristina 14/12 20h.

Dos monumentos, piezas clave del repertorio protagonizaron la primera actuación de la formación Málaga de Cámara para la Sociedad Filarmónica para su quinto programa de la temporada. Curiosa formación -formado por un trío y un cuarteto-  que participa de la propia esencia del género “tocar, tocar y volver a tocar”. Y con esta idea acercaron hasta la Sala María Cristina páginas de Mozart y Schumann. Málaga de Cámara rozó el pleno de la sala aunque más significativo apetece el ambiente de complicidad que se respiraba con los profesores y el propio poder de convocatoria del programa.

Lejos del do, re, mi este sólido conjunto se presentó adentrándose en el quinteto que Mozart escribiera para el clarinetista Anton Stadler o el piano en el caso de  R. Schumann y que en su estreno abordó F. Mendelssohn . Rafael García fue el encargado de defender  el clarinete y poner de manifiesto el constante diálogo entre la madera y las cuerdas. El K. 581 revela un dominio absoluto de la forma en contraste al quinteto escrito por Schumann más independiente y libre.

Cuatro tiempos contrastados articulan el Quinteto para Clarinete de Mozart. Desde el Allegro de apertura se observa el interés de los atriles por conseguir una emisión carnal gracias a la figura central de R. García, ejemplo de maestría e interpretación. El conocido larghetto se erigió en uno de los grandes momentos del concierto que en nada presagia la explosiva coda con la que se cierra el allegreto conclusivo.

Si Mozart inaugura el repertorio para clarinete y cuerdas, a R: Schumann le corresponde el honor de introducir el piano dentro de esa formación pura que es el cuarteto. El año cuarenta y dos es para Schumann un año de intensa producción camerística. Fruto de esta frenética actividad nace el Quinteto en Mi bemol mayor. Nuevamente una página no sólo maestra sino también modelo que inspiraría a otros compositores. Desde la introducción se aprecia el constante diálogo entre instrumentos como prueba el allegro inicial. La precisión técnica llega de los aires marciales impuestos en el segundo tiempo y el valor de la forma quedó al descubierto en el Allegro final. Apreciable también la aportación al conjunto del violín de Mario Navas y la viola de Manuel Moreno. Málaga de Cámara debe volver y lo debe hacer con la misma sencillez y rigor con el que se han presentado.

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Alejandro Fernández 15|12|2017








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