VI FESTIVAL DE MÚSICA ANTIGUA. Graindelavoix

8 07 2010

LITURGIA PARA ELVIRA DE CASTILLA EN PALERMO S. XII

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Programa

Congaudeant Catholici ……………. Codex Calixtinus

Benedicamus Domino …………….Codex Las Huelgas

Benedicamus Domino       …………….Ms. Madrid 19421

Gloria in excelsis deo …………………. Canto toledano

Ala Ibni Maryam (oda a la virgen María) ………… Canto sufí tunecino

Bugya Raml L-Maya …………….. Canto sufí andalusí

Twishya Raml L-Maya ………….. Canto sufí andalusí

Insirâf quddâm zrîga ……………. Canto sufí andalusí

Fahiya Min Ruhi Wa Jismi ……..Canto sufí andalusí

Christi hodierna      ………..Canto normando-siciliano

Humili prece …………….. Canto normando-siciliano

Ode – Iambic Kanon ………….. Canto italo-bizantino

Magnus deus ……………………………. Canto siciliano

Director: Björn Schmelzer

De verdadero acontecimiento puede considerarse la presentación en el Festival de Música Antigua de Málaga con categoría de estreno absoluto del programa Liturgia para Elvira de Castilla en Palermo.

Siglo XII, a cargo del grupo vocal Graindelavoix, dirigido por Björn Schmelzer. La recreación que acomete de la magna empresa llevada a cabo por el rey normando Roger II de Sicilia resulta apasionante por sí misma, pero también da cuenta de la influencia y el esplendor con que brilló al-Andalus durante la Edad Media en Europa, donde sembró buena parte de sus más altas cotas de arte y pensamiento. Nos encontramos ante una propuesta que trasciende los límites naturales del concierto para asentarse en los terrenos de la reconstrucción histórica: un trabajo de investigación, guiado por los hallazgos sobre la presencia normanda y andalusí en Sicilia que historiadores como David Hiley ya habían publicado, que no se basa únicamente, como es tradición en la recreación del canto medieval cristiano, en el análisis hermenéutico de los manuscritos, sino que incluye una lectura alternativa a través de la recuperación fidedigna de un espacio arquitectónico donde estos cantos se dieron de manera única.

El concierto gira así en torno a la revisión del canto tradicional de la corte de Roger II de Sicilia (1095-1154), quien se casó en 1117 con Elvira de Castilla, hija del rey castellano Alfonso IV. A pesar de este matrimonio, el normando no renunció a su concubina, Zaida, una almorávide que había huido de Toledo (donde fue educada en las artes más exquisitas) tras su conversión al cristianismo y que había sido bautizada como Isabel. Su caso no fue el único, ni mucho menos.

Dada la inestabilidad política y social que atravesó al-Andalus durante los últimos años de la época almorávide, muchos andalusíes emigraron y se instalaron en Sicilia, donde el impacto cultural andaluz fue enorme. En la misma sede de la Corte de Roger II en Palermo era habitual la presencia y oficio de musulmanes, conversos o no.

Así, por ejemplo, el científico de mayor proyección y fama de esta Corte fue Abu Abd Aliah Mamad Al-Idrisi, cartógrafo y geógrafo hispanomusulmán, nacido en Ceuta, cuya obra más popular es El Idrisi, un tratado de geografía descriptiva que dedicó a su Rey y que terminó llamándose, de hecho, Libro de Roger (como tal se conserva actualmente en la Biblioteca Nacional de Madrid). Antes de la llegada de los normandos, Sicilia había permanecido bajo dominio bizantino, lo que había garantizado la hegemonía cristiana en la isla; sin embargo, la llegada de estos andalusíes y el carácter visionario de Roger II (que hablaba francés, siciliano, latín, español y árabe) van a abrir las puertas a un mestizaje de meritorio corte mediterráneo, que tendría en el canto su principal expresión. Para ello, el monarca decidió construir un templo capaz de dar cabida a todas las liturgias y cultos presentes en sus dominios, en un caso de interculturalidad y de diálogo interreligioso verdaderamente único en la Historia, sólo comparable al de la Escuela de Traductores de Toledo.

Es en 1140 cuando Roger II ordenó la construcción de la Capilla Palatina de Palermo, en honor de su esposa Elvira. Consciente de la diversidad cultural y religiosa en Sicilia, el rey adoptó una solución elegante, estratégica e integradora, con diferentes espacios para las diversas profesiones de fe. Para ello, el monarca decidió dividir la capilla en dos espacios, dotado cada uno con un balcón desde el que el monarca podía seguir o presidir las ceremonias. El santuario de la capilla, construido en estilo bizantino, ofrecía un espacio donde podía celebrarse la liturgia cristiana en las distintas confesiones presentes en la isla: la normando-siciliana, la hispano-toledana y la greco-ortodoxa. Por su parte, la nave de la iglesia, con su típico techo de mocárabes, quedaba destinada a las ceremonias y rituales musulmanes, entre los que predominaba el rito sufí Samaa, el más típico entre los almorávides andalusíes. En un mismo enclave, por tanto, compartieron oficio religioso musulmanes y cristianos, con una arquitectura especialmente diseñada para tal fin. La expresión musical de todas estas confesiones era el canto común, pero indudablemente distinto, que aquí sin embargo alcanzaría confluencias notables al practicarse en el mismo edificio. Es la Capilla Palatina de Elvira donde el canto sufí se mezcla con el canto cristiano, ortodoxo y normando, hispano y griego, hasta configurar una trascendencia única que, por una parte, obedece al mismo proceso de conformación de estos cantos en la Historia (como realidades interdependientes

y de orígenes compartidos), y que por otra ha sido imitada en escasísimas ocasiones desde entonces. Lo que se propone Graindelavoix en su programa no es una mera interpretación de los repertorios religiosos que crecieron al amparo de Roger II, sino una reconstrucción del espacio psico-acústico y de las prácticas religiosas de la Capilla Palatina. Así, el concierto incluye cuatro repertorios sagrados litúrgicos (correspondientes respectivamente al canto antiguo hispano-toledano, al canto normandosiciliano, al canto italo-bizantino y al canto sufí tunecino y andalusí) interpretados por once cantantes masculinos de diversas procedencias: dos arabo-andalusíes, dos griegos y seis españoles. Así, el espectador tendrá ocasión de escuchar piezas como el Congaudeant Catholici del Códice Calixtino, el Benedicamus Domino del Códice de las Huelgas, la Oda a la Virgen María de la tradición sufí tunecina, diversos cantos sufíes andaluces y cantos normando-sicilianos e italo-bizantinos, tal y como debieron interpretarse en la Capilla de Roger II: en un ambiente de integración y mescolanza, en un sentir común de espiritualidades que convergen en su igual búsqueda de la trascendencia. Una experiencia que conecta con el sentir medieval del siglo XII pero que a la vez abre puertas a un humanismo interracial y creativo, a una posibilidad de convergencia para espíritus condenados en demasiadas ocasiones a no entenderse y considerarse enemigos.

Especial relevancia tiene la inclusión en el programa de Graindelavoix de los cánticos sufíes andalusíes, quizá los grandes desconocidos de la tradición musical medieval en la Península Ibérica. Si la nuba acuñada por Zyriab en el Califato de Córdoba en el siglo X a partir de influencias persas se exportó a todo el orbe árabe y sobrevive hoy como seña de identidad tradicional en el Magreb, no menos importancia tuvieron los cantos sufíes. Ya desde el Califato, pero también con los almorávides, poetas místicos como el murciano Ibn-Arabí contribuyeron a estimular una espiritualidad dual y gnóstica, comprendida como un proceso de perfección por el que el ser humano se purifica y se desprende de sus elementos terrenales. Esta suerte de metamorfosis tuvo su mejor aliado en el canto y en la danza, y aunque los rituales sufíes de los derviches turcos han quedado para la imaginería popular como la gran expresión mística del islam, al-Andalus profesó también esta búsqueda de la divinidad mediante los cantos inspirados en aquellos poemas litúrgicos, que no tuvieron tanta suerte como la nuba tras la Reconquista. El esplendor de al-Andalus como foco cultural en Europa queda así patentado, de cualquier forma, en este concierto irrepetible que en el fondo habla de la necesidad de encontrarnos y reconocernos en el otro.

Graindelavoix

Björn Schmelzer, director

Graindelavoix (grano de la voz) es un colectivo de artistas fundado en 1999 por Björn Schmelzer. Desde su creación, Björn ha buscado músicos con deseo de participar del juego entre ejecución y creación. Es por tanto, la necesidad del arte autoproductivo y físico lo que les une. Graindelavoix está fascinado por las voces que han cesado de comunicar, de las voces que no transmiten más mensajes, pero que son expresión pura de su fundamento: chirrido, intensidad, instinto…

Graindelavoix busca en los viejos repertorios la corriente subyaciente que les hace salir de su época, que muestra su carácter intempestivo, que permite una pausa, un vacío. Graindelavoix no está fascinado por la música antigua por que sea una ilustración del pasado, ni por su eventual valor de actualidad.

Es justamente porque esta pertenece al pasado que contiene un potencial que aún no es audible. En aquello que es audible, Graindelavoix busca una obertura, detrás o bajo el idioma. Aquello que Graindelavoix enfatiza y apasiona en la música antigua, es la línea entre la notación y aquello que se le escapa: el savoir-faire ‘subconsciente’ del músico (ornamentación, improvisación, gestualidad, …). Para Graindelavoix los cantantes son unos “autómatas espirituales”…

Los materiales utilizados, por ejemplo, son la polifonía de Ockeghem, la queja, las prácticas mediterráneas, la dinámica y la cinemática de la escolástica tardía, el cuerpo afectivo, la gestualidad y la cultura de la imagen…

Las representaciones de Graindelavoix (concierto/teatro musical) que son fragmentos acumulados de un amplio trabajo y proceso de búsqueda.

Graindelavoix colabora asíduamente con el centro musical de Bijloke en Ghent y el centro cultural de Genk. Graindelavoix graba en el sello Glossa.









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