Colas para la JOBA y Zapico

3 01 2020

MÁLAGA. 23-12-2019. S. I. Catedral de Málaga. Director: Aaron Zapico. Programa: Canon y giga en Re Mayor para tres violines y bajo continuo, T337 de J. Pachelbel; Concierto grosso nº 8 en fa menor, “Concierto de Navidad”, de P. A. Locatelli; Concierto para cuerdas y continuo en sol menor, RV157 de A. L. Vivaldi; Concierto nº2 en Si bemol Mayor HWV313, G. F. Haendel y Suite para orquesta nº1 en Do Mayor BWV1066, de J. S. Bach.

Como era de esperar la expectación que despierta la Joven Orquesta Barroca de Andalucía (proyecto formativo acunado por la Filarmónica de Málaga) volvió a convocar, en la tarde pasada, una larguísima cola que colmó las naves catedralicias para el esperado programa desarrollado por el conjunto que prepara Salvador Vázquez que contó con la dirección musical del maestro Aarón Zapico, que una vez más hizo del programa seleccionado toda una experiencia musical y artística desde la honestidad, el rigor y talante que distingue el trabajo del músico asturiano.

Programa denso y arriesgado que perfiló una retrospectiva que retrató las líneas maestras de la arquitectura musical del barroco europeo, la de los grandes maestros que hicieron posible un estilo internacional que culminaría en la gloria de Haendel y Bach pasando por la Venecia de Vivaldi o el último de los grandes maestros de Nuremberg Pachelbel cuyo Canon sirvió de cierre a todo el programa en lo que fue una lección de gusto musical, virtuosismo y comunicación entre los atriles.

Si en el programa de Septiembre, bajo la dirección de S. Malov, despuntaba ya la calidad de las cuerdas de la cuarta promoción, bajo las naves catedralicias A. Zapico cinceló hasta el último detalle el empaste, ataque y técnica de las secciones de cuerdas rematadas por unas maderas de ensueño como el fagot de Irene Camacho o el oboe de Irene Rodríguez que brilló con luz propia en el los tiempos lentos del Concerto nº 2 de Haendel página sencillamente intachable, exquisita en las ornamentaciones y plena de sentido en las dinámicas propuestas por la batuta de A. Zapico. Enmarcable y propio de músicos entregados fue el Concerto grosso nº 8 de Locatelli toda una experiencia para el oyente y ejemplo de interpretación.

El programa se vió alterado en su orden original no sin cierta intención al plantear un sentido retrospectivo y en el que no faltó un guiño a la escuela francesa de la mano de J. B. Rameau y sus Indias Galantes pórtico de entrada a todo el concierto. Programa que se abría con la Suite orquestal nº1 de J. S. Bach que desde su cima marcó el nivel técnico demostrado por la JOBA. Momento convincente marcado por el virtuosismo se apreció también en el RV157 de Vivaldi ejemplo de agilidad y visión en conjunto desde una perspectiva artística que buscaba en todo momento el contrastes y la claridad de ideas. Otro de los grandes hallazgos del recital lo propició los violines solistas de Ana Rosa Dávila y Alejandro Moreno en el Concierto nº2 de Haendel que de principio a fin estuvo lleno de lucidez y virtuosismo sin olvidar el revelador contrabajo de José Parra.

Este último programa en la humildad de su ideario no fue más que un ejemplo del talento que justifica que a esta ciudad le sobran luces y le falta auditorio.

Alejandro Fernández


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