Las miradas del veinte

14 03 2017

Con el florecimiento de las distintas escuelas nacionales y la puesta en valor de las fuentes y legados propios, las normas académicas, su ortodoxia, se verían seriamente superadas hasta proporcionar una gramática musical común pero de idioma plural. Desde este nuevo horizonte, el siglo veinte puede ser entendido y justificado en la atomización de la forma y corrientes estéticas. Pretendido o no, el titular de la OFM nos propiciaba una puerta de entrada, de entendimiento a este período aparentemente inaccesible y orlado de complejos como fue la aún lejana centuria pasada.
Escrita para el treinta aniversario de la Revolución Rusa, Shostakovich proporciona al aparato político la banda sonora para exaltar las virtudes y ninguna sombra del régimen soviético en su Obertura Festiva. A pocos se nos escapan hoy aquellos largos tentáculos para doblegar voluntades y silenciar disidencias. El compositor lo vivió en carnes propias y, a pesar de ello, supo construir un lenguaje personal, pero, sobre todo, crítico.

Ejemplo de esta idea es su Obertura Festiva: enorme, en su plantilla; ampulosa, gracias a bronces y percusión; y sencillamente vacía, como si de una arquitectura efímera se tratase. En su interior un tema rotundo que aparece y resurge en su hilado tripartito. Nuevamente, el músico juega con el humor como punto de fuga. Esa perspectiva reinaría la apertura del último abono de la Filarmónica de Málaga.

La viola solista de Joaquín Riquelme, miembro de la Filarmónica de Berlín, hacía su debut con nuestro conjunto de la mano de W. Walton y su Concierto para viola. Página que desde su redacción encumbró a su autor y fue la excusa para que otros ahondaran en su repertorio. Su carácter tonal destaca sonoridades líricas y profundas al circular por el plano medio-bajo de las cuerdas. Orquesta y solista encontraron desde el lento inicial puntos de diálogos mostrando una interpretación pausada y evocadora, incipit de los dos movimientos animados que suceden al concierto. El titular de la OFM, Manuel Hernández Silva, subrayó el tono danzante del tiempo central con excepcional pulso hasta llevarnos junto a Riquelme a la conclusión donde evocar el motivo primero de la partitura.

Si sobresaliente puede entenderse el concierto de Walton, llegados a la oculta sinfonía de Grieg alcanzamos un nuevo punto de inflexión de la temporada de la Filarmónica de Málaga. La cocina de la Sinfonía en do ha pasado por un arduo trabajo de los profesores en los ensayos hasta alcanzar los resultados escuchados en el pasado conciertos. Sus cuatro tiempos miran al pasado con nombres propios lo que no le resta originalidad y factura original de su autor. Destacar el saltarín intermezzo, la delicada sonoridad del adagio que lo precede y el rotundo finale propio de una gran Sinfonía.
En definitiva, programa excepcional tanto en su propuesta musicológica, como interpretativa. La OFM avanza con una maquinaria bien engrasada que hace las delicias del oyente. Y es que la madurez le ha llegado a nuestra orquesta.

logofirma

Alejandro Fernández 13|03|2017

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