RECITAL CARLOS ÁLVAREZ
Solistas: Bernardina del Pino, soprano
Rubén Fernández-Aguirre, piano
Programa: obras Mozart, Délibes, Tosti, Gounod, Thomas, Luna, Turina, Alonso, Moreno Torroba, Giménez, Perez Soriano y Chapí.
Sala María Cristina, sábado 19 de mayo de 2012
No llegaba el momento, y sin embargo ayer una Sala María Cristina, demiurgo de la lírica en nuestra ciudad, fue el testigo de la reaparición del barítono malagueño Carlos Álvarez, mereció la pena el esfuerzo. La sala de conciertos del antiguo conservatorio presumía llena rebosar de público malagueño, sensible a la trayectoria de Álvarez. El cantante malagueño acompañado de Rubén Fernández-Aguirre aparecía en el escenario para atacar una primera parte dedicada a la ópera quedando reservada la segunda parte del ansiado recital para nuestro género, la Zarzuela.
Varias son las razones que hacían especial el concierto de este sábado, por un lado, la más importante, se rompían casi cinco años de silencio, no en vano una infinita paciencia y el esfuerzo del día a día demostraron a un Álvarez con muchas metas que alcanzar aún. Y por otro, el descubrimiento de una voz insólita, privilegiada y llena de potencia. Una cantante joven, pero con la madurez justa para iniciar un ascenso que desde ayer reclamó la soprano Bernardina del Pino. La complicidad entre cantantes y acompañante marcaron la cercanía con el público de la casa y conseguir, de este modo, liberar al recital del habitual formalismo, aflorando el talento en su más alta expresión humana y artística.
Mozart y dos arias de Don Giovanni destaparon el concierto, en el aria Fin ch’andal vino aparece ese Álvarez sensible en el que cada nota se emite con una caricia empastada y limpia con ese particular toque aterciopelado y profundo, más ligero en La ci darem la mano, mítico dúo protagonizando para la ocasión el roll de Zerlina, Bernardina del Pino, que atacó en solitario la canción Les filles de Cadix, ejemplo de la tradición francesa como muestra su carácter ligero y seductor notas que delatan el amplio registro de la soprano malagueña, una voz maleable, plena en matices, algo tímida, aunque sentida en el escenario. El drama de los amantes de Verona centraron las dos piezas finales de la primera parte. Por un lado, la versión de Gounod y su Je Veuxvivre, donde del Pino brindó una versión nada reservada, virtuosa de la coloratura con esa nota final mantenida casi imposible que derrumbo la sala. Y finalmente, por otro, el Doute de la Lumiere, exigente con los solistas, a la que imprimieron carácter e intensidad, una página trabajada, tónica dominante de todo el concierto.
Luna, Turina o Moreno Torroba, fueron algunos de los apellidos imprescindibles de nuestro Género, protagonistas de una aún más interesante segunda parte. Cantares y la Canción del gitano mostraron al barítino seguro y cómodo con la lengua, que lejos del puro agrado redescubre muchas de las cualidades que lo han encumbrado como gran cantante. Otro de los momentos destacados arribó con el Duo Carolina-Vidal de Luisa Fernanda todo un juego de complicidades entre Álvarez y del Pino. Explosión de notas altas, del que aún resuena el agudo final mantenido de la soprano malagueña, resultó Me llaman la Primorosa de Giménez y Nieto, otro punto clave del recital que se cerró con Pérez Soriano y Chapí. Intensos aplausos dieron espacio a dos propinas encarnadas en La petenera para del Pino y La canción del olvido para Álvarez, punto y seguido de su regreso y final de un recital imborrable.
