Presentación de la temporada de conciertos de la OFM
El Pasado lúnes 23 de junio fue presenada la próxima temporada de conciertos de la OFM, quince conciertos donde la música del siglo XX tendrá un protagonismo especial. Otra de las particularidades de esta programación es la presencia ya como director musical y artístico de Edmon Colomer. Os reproducimo a continuación la nota de presensa facilitada por el gabinete de prensa de la OFM:
Quince conciertos componen la programación del abono de la temporada 2010/11 de la Orquesta Filarmónica de
Málaga (OFM) que está marcada por la incorporación de Edmon Colomer, nuevo director titular y artístico de la formación musical, que en febrero cumplirá el XX aniversario de su nacimiento, hecho que se conmemorará con un programa netamente español en el que se estrenará una obra de encargo del malagueño Martín Jaime.
Una programación que se acercará al clasicismo, el romanticismo y el impresionismo y que también hará una inmersión en la música del siglo XX y en el repertorio contemporáneo. Desde el virtuosismo del violinista malagueño Jesús Reina leyendo a Tchaikovski , en el segundo de los programas titulados “Rusia atávica”, hasta la interpretación de “City Noir”, de John Adams, composición que cerrará el curso en junio con una sesión dedicada a los compositores estadounidenses actuales.
El nuevo ciclo de la OFM presenta una rica variedad de solistas y directores de prestigio internacional y de relevantes obras concertantes y sinfónico-corales. La temporada 2010-2011 estará protagonizada, entre muchos otros, por el que quizá sea el mejor trompa español, Javier Bonet; los prestigiosos pianistas Nelson Goerner y Gülsin Onay; el barítono Iñaki Fresán, y los directores invitados Marco Guidarini, Howard Griffiths, Michael Stern o el ya habitual Juanjo Mena, que se enfrentará al reto de conducir “La canción de la tierra” de Mahler.
Una programación que a los tradicionales conciertos de Navidad y Semana Santa, también sumará los homenajes al ya citado Mahler y Schumann, en sus respectivos aniversarios; que seguirá en la labor de acercar la música clásica a los más pequeños; que mantendrá su estrecha colaboración con el Coro de Ópera de Málaga y la Coral Cármina Nova; y que además, como novedad, incorpora un ciclo de encuentros compuesto por cuatro sesiones, presentados por Edmon Colomer, que bajo el título “Una hora con el maestro”, intentará dar conocer al público distintos aspectos de la programación que ahora se presenta.
“En la creación de Dios, nada tiene fin. Todo lo que es verdadero, permanece. En el Jardín de Dios, la flor abre y se mustia, pero cuando se mustia no es que acaba; florece otra vez. Las estaciones vienen, se van y vuelven, y en su sucesión está la verdad. Así, todas las relaciones reales, las felicidades ciertas, son continuas, no pasajeras. En su sucesión, no cesan verdaderamente. Las obras del hombre tienen el estigma de muerte que tienen, porque la mayor parte de nuestras actividades carecen de sentido y porque nuestras energías las empleamos en abastecernos de cosas y placeres sin eternidad en el fondo. Por eso intentamos dar a todo, a fuerza de añadiduras, un aspecto de permanencia. El hombre, ansioso de prolongar el placer, intenta sólo sumar, y tememos detenernos por miedo de que algún día todo termine.” Tagore
Han pasado muchos años, demasiados quizás, para reencontrarnos (aquí podéis colocar el adjetivo o el adorno que más encaje con vuestra opinión) con La Pasión Según San Mateo de Bach. Este extenso oratorio pude escucharlo por primera vez de la mano del maestro Odón Alonso y la entonces Orquesta Ciudad de Málaga. En aquel momento me resultó árido, un tanto oculto, aunque no aburrido; entre los distintos recitativos y coros se desplegaban todos los recursos con los que Bach escribía a mayor gloria de Dios y fascinación propia, era el momento de descubrir al autor, sus intérpretes y alguna que otra novela que alimentaran el mito. Todos sabemos de lo voluble del gusto, de sus rarezas… Independientemente de las creencias de cada uno, el maestro cantor no puede ser reducido sólo a la forma, a la extrema dificultad de su creación, en sus trabajos trasciende una espiritualidad moderna, maleable, individual si lo preferís y que tiende a fronteras no conocidas. Este sentido espiritual nace de la propia convicción personal, de la experiencia y por qué no de la vivencia rotunda, aquella que marca la propia existencia. Por todo esto tengo la sensación que al volver sobre la obra, preparando la audición, cierro un capítulo propio con moraleja incluida.
Espero mucho de la versión del Carmina Nova, porque también ellos han crecido con los años, mucha complicidad y sobre todo afecto. Muy pocos peros he tenido en todo este tiempo sobre sus interpretaciones; sé que dan lo mejor de sí mismos y a veces más. Coincidiendo con ellos en conciertos pasados no he podido resistirme por preguntarles sobre los ensayos casi como el niño que aguarda impaciente la Noche de Reyes ante la incertidumbre de la sorpresa.
No es extraño que tras muchos días acercándome a la obra, percibo la vuelta de un yo que nunca se fue, obligado a ocupar un segundo plano vital, sediento de atención bajo imposición de una dimensión estrictamente formal, había que correr, no era el tiempo de pensar…, Muchos coetáneos deslegitimaron el trabajo de Bach, sin reparar en la importancia de un pensamiento muy alejado de la sensiblería temerosa y redencionista, frente a la convicción de hacer la palabra forma y con ella, acercarse a la universalidad del ser sin considerar su posible apariencia estética.
“Este gran hombre suscitaría la admiración de todas las naciones si poseyese una mayor amenidad, si no eliminase el elemento natural de sus piezas con un estilo ampuloso y confuso y si no oscureciese su belleza mediante un exceso de arte. Puesto que él juzga conforme a sus propios dedos, sus piezas son extremadamente difíciles de interpretar; pues exige que los cantantes e intérpretes de instrumentos sean capaces de hacer con sus gargantas e instrumentos cualquier cosa que él sea capaz de tocar al teclado. Pero esto es imposible. Todo ornamento, toda pequeña gracia y todo en lo que uno piensa como perteneciente al método de interpretación, lo expresa completamente en las notas; y esto no sólo le resta a sus piezas la belleza de la armonía, sino que oculta la melodía por completo. Todas las voces operan unas con otras y son de la misma dificultad; ninguna de ellas puede ser reconocida como la voz principal. En resumen, él es para la música lo que el señor von Lohenstein es para la poesía. La ampulosidad los ha llevado de lo natural a lo artificial y de lo noble a lo sombrío, y en ambos admiramos el afanoso trabajo y el esfuerzo poco común –que, sin embargo, son vanamente empleados porque entran en conflicto con la naturaleza.” (De una carta anónima de “un músico viajero y capaz”, publicada en la revista periódica de Scheibe, Der critische Musicus, 14 de mayo de 1737)
The Wasps, R. Vaughan Williams El carnaval de los animales, C. Saint Saëns El vuelo de la alondra, R. Vaughan Williams Francesca da Rimini, P.I. Tchaikovsky
El príncipe Igor (Marcha polovtsiana), A. Borodin Concierto nº 1 para violín y orquesta, Op.77, D. Shostakovich La consagración de la primavera, I. Stravinsky
Mañana sábado a las 19:00h. en el Auditorio de la Diputción, sede de calle Pacífico, tendrá lugar un nuevo concierto de la JOPMA y la Asociación Española de Jóvenes Orquestas. Con dirección musical del Ángel Luis Pérez Garrido y David Quiggle.
Programa Una lámina blanca*, de Juan Manuel Artero.
Sinfonía nº 9, en mi menor, op. 95 de A. Dvorak
Obertura La Gazza Ladra, de G. Rossini